miércoles, noviembre 10, 2010

Llamamientos.



Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento. 

Es tan tentador olvidar... Dejar que el tiempo eche montones de libros encima del diario que contiene las narraciones de tu pasado -con contenidos que a veces son simples voces en off, otras varios diálogos, o quizá simples hojas manchadas sin coherencia-. Dejar que del árbol caigan hojas -a montones- encima del suelo que contiene cadáveres de quienes pasaron por tu vida. Dejar que la lluvia borre las palabras tatuadas en los cristales que alguien pronunció y que ahora ya son restos de grafito.

Ocultaciones, borrones y cuentas nuevas, formateos mentales, memorias selectivas, suplantación de hechos y personas... A fin de cuentas muchos hacen con los recuerdos una agnosia a voluntad. Y, ¿para qué? Luego siempre volverá a aparecer el rincón de una calle parecida a aquella que... un aroma que te llevará a un verano de entonces donde... una silueta que te recordará como... una película que te revolverá el estómago por haberla visto con quien... unas palabras parecidas a aquel diálogo que mantuviste porque... algo pendiente que nunca llegaste a realizar cuando...

Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento.

Porque le he encontrado el lugar idóneo en el montón de cajas que ocupa el fichero interno. He vuelto a desempolvar viejos documentos y a sacar la información adecuada que me permita aprender de lo que ocurrió, que me ayude a hacer paz con lo que sucedió y que me haga entender y apreciar el momento en el que estoy.

Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento... para que se quede y observe lo que vendrá.

domingo, noviembre 07, 2010

Al mes y poco.



Si me parara a mirar el rincón de tierra de al lado de una casa aparentemente abandonada (esa que está rodeada de naturaleza, silencio y agua) pensaría en mis dos perras muertas y me moriría al volver a recordar los últimos minutos en que sostuve la vida de cada una de ellas. Me vendría a la mente la muerte y su macabro gusto por los huesos, como los perros, que también comen huesos. La del manto oscuro debe entretenerse tallándolos en forma de lápices, de tenedores, de abrecartas, de platos, de ceniceros, de peines. Sí, asquerosa "afición" que tiene la muy puta. Lo malo de la vida es que no es lo que creemos pero tampoco lo contrario.

Desperdicios, polvo y cenizas. Donde una vez un niño jugaba a intentar retener un grillo en un tarro de cristal, o donde una tarde una niña aprovechaba el rincón de una piedra como mesita para colocar su muñeca, hay manchas de sangre y algunos cabellos del paso de una disputa que acabó en agitación; hay restos de gotas de cera usada para intentar iluminar lo justo para no romper lo misterioso; hay restos de saliva sobre el lodo y lo que parece la marca de unos dedos en forma de puñetazo en la pared; hay un tres en raya desdibujado en la arena; hay los restos de la quema de unas cartas que ya nadie desea acordarse que las leyó; hay brazos cortados sombre las sábanas y bilis que mancha la almohada; hay una caja llena de recuerdos y buenos deseos enterrada, y dos vestidos que ya no se usan, y unos calcetines viejos, y tres postales con unas palabras que se borran, y hay una manta que recubre en cuerpo... Hay mentes enfermas de añoranza y ojos incrustados en una mano que se desliza hacia el silencio, y un corazón que late para engañar, y una rosa que se abre para traicionar... y el sol llorando frente a un cuervo que grazna. 
Y el interior desmembrado intenta ejecutar una melodía que nadie entiende bajo la lluvia que calma mi mal. Nadie nos oye, por eso emitimos ruegos.




"Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio.

Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto."
Alejandra Pizarnik