Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento.
Es tan tentador olvidar... Dejar que el tiempo eche montones de libros encima del diario que contiene las narraciones de tu pasado -con contenidos que a veces son simples voces en off, otras varios diálogos, o quizá simples hojas manchadas sin coherencia-. Dejar que del árbol caigan hojas -a montones- encima del suelo que contiene cadáveres de quienes pasaron por tu vida. Dejar que la lluvia borre las palabras tatuadas en los cristales que alguien pronunció y que ahora ya son restos de grafito.
Ocultaciones, borrones y cuentas nuevas, formateos mentales, memorias selectivas, suplantación de hechos y personas... A fin de cuentas muchos hacen con los recuerdos una agnosia a voluntad. Y, ¿para qué? Luego siempre volverá a aparecer el rincón de una calle parecida a aquella que... un aroma que te llevará a un verano de entonces donde... una silueta que te recordará como... una película que te revolverá el estómago por haberla visto con quien... unas palabras parecidas a aquel diálogo que mantuviste porque... algo pendiente que nunca llegaste a realizar cuando...
Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento.
Porque le he encontrado el lugar idóneo en el montón de cajas que ocupa el fichero interno. He vuelto a desempolvar viejos documentos y a sacar la información adecuada que me permita aprender de lo que ocurrió, que me ayude a hacer paz con lo que sucedió y que me haga entender y apreciar el momento en el que estoy.
Al recuerdo marchitado en la memoria le hago un llamamiento... para que se quede y observe lo que vendrá.



