
Quisiera escribir algo alegre pero no puedo. De verdad lo intento, me siento y pienso.
Desde hace unos meses siempre tengo en mi mente el volver, el recuperar la esencia marchita... el vivir.
No me percaté, sin embargo, de que esta vuelta era más que una puerta abierta a todo lo que fui en un tiempo ya demasiado lejano como para recordar con certeza, sino también a un yo misma que nunca había llegado a alcanzar, a un yo deseado y que soñé con ser algún día.
Hace ya demasiado que comencé a descender dentro de mi difuso "yo interior", hasta tal punto que las secuelas dejaron de ser rastro de los últimos cambios para ser las marcas de una auto-destrucción a medida propia del no saber encontrar el orden de un futuro más complejo aún que mi propio mecanismo de defensa.
Y puede que nadie logre entenderme, más bien puede que ni yo misma todavía lo haga... Pero lo cierto es que no pienso parar hasta salir de nuevo a flote.
He estado casi matando la parte de mí que más quería y sin quererlo. Y miedo me da no volver a verla.
Esta lucha es cuestión de fuerza interior, de auto-suspiros, es una escalada manual pero eficiente hacia lo más profundo de uno mismo.
Aquí es donde me paro y me siento a reflexionar sobre todo lo que fui, diplomada en no ser desplomada por las emociones y esta cara de no saber dónde puedo acabar (y es por ello que con frecuencia mi faz se vuelve algo desencajada). Pero... ¿Qué implica?
A comenzado un año (y se avecina otro aniversario) y las ilusiones galopan por mi espalda (y me obligo a pensar en las pocas y difusas esperanzas o alegrías que existen antes de verse éstas totalmente ahogadas por las numerosas dificultades, amargas secuelas y realidades que me -y nos- envuelven). Pienso irremediablemente en si no vuelvo, en si me puedo volver a equivocar, a caer, a esperanzar e ilusionar, a enfadar, a llorar, a luchar y luego perder... o puede que ganara alguna vez... poco importa.
Si miras al final de la escalera, podrás encontrarme observando lo que pasa -observando también a las personas que me rodean, sus vidas, sus metas alcanzadas y los sueños que cumplen, y también sus desdichas, de las cuales quiero formar parte para ayudar y aliviarles sus penas, y ser así algo mejor persona y sentirme bien-, y podrás ver como y como tras la mueca de melancolía de mi rostro escribo con amargura cómo pasan estos años y, junto a ellos, cómo las oportunidades y los sueños se van escapando de entre los dedos.
Tal y como empecé -no sé cómo-, o tal y como me empujaron a empezar esta rueda de irregularidades, entré en este desastre espiritual en búsqueda de una sinopsis correcta para mi historia. Que los finales son tremendos, estamos todos de acuerdo. Irremediablemente siempre confesaré que yo siempre seré la idiota que llore cuando los créditos de la película de esta etapa quieran decirnos adiós.
Hay algo en mi garganta que apenas me deja respirar. Difumino el problema que atosiga mi caja torácica o cómo me están doliendo los viernes. Días casi carentes de aire con el que jugar a humanizarme un poco, que pareciera ahogarme conmigo misma. Será cuestión de poner cada morada en su lugar, quitar un poco de polvo y lucir entre bocas sonrisas cuales razones.
Es tiempo de dibujar tal como a mí me gusta y sé, y también de escribir. Me gustaría narrar una historia diferente... He escrito capítulos de luchas, de desahucios de vidas enteras, de carencias y futilidades, de gritos y esperanzas marchitas, de sueños estampados contra un cristal... Y quiero, y deseo, y anhelo con cada fibra de mi ser, con el último soplo de aliento y esperanza que ahora guardo en un rincón muy escondido de algún lugar perdido de mi interior, algún capítulo que empiece y acabe bien, que sea fructífero en algo y que alimente un poco la dicha de una mujer que, dentro de todo, aún no debería verlo todo acabado y tiene mucho que dar y recibir.
Y quisiera gritar.
Desde hace unos meses siempre tengo en mi mente el volver, el recuperar la esencia marchita... el vivir.
No me percaté, sin embargo, de que esta vuelta era más que una puerta abierta a todo lo que fui en un tiempo ya demasiado lejano como para recordar con certeza, sino también a un yo misma que nunca había llegado a alcanzar, a un yo deseado y que soñé con ser algún día.
Hace ya demasiado que comencé a descender dentro de mi difuso "yo interior", hasta tal punto que las secuelas dejaron de ser rastro de los últimos cambios para ser las marcas de una auto-destrucción a medida propia del no saber encontrar el orden de un futuro más complejo aún que mi propio mecanismo de defensa.
Y puede que nadie logre entenderme, más bien puede que ni yo misma todavía lo haga... Pero lo cierto es que no pienso parar hasta salir de nuevo a flote.
He estado casi matando la parte de mí que más quería y sin quererlo. Y miedo me da no volver a verla.
Esta lucha es cuestión de fuerza interior, de auto-suspiros, es una escalada manual pero eficiente hacia lo más profundo de uno mismo.
Aquí es donde me paro y me siento a reflexionar sobre todo lo que fui, diplomada en no ser desplomada por las emociones y esta cara de no saber dónde puedo acabar (y es por ello que con frecuencia mi faz se vuelve algo desencajada). Pero... ¿Qué implica?
A comenzado un año (y se avecina otro aniversario) y las ilusiones galopan por mi espalda (y me obligo a pensar en las pocas y difusas esperanzas o alegrías que existen antes de verse éstas totalmente ahogadas por las numerosas dificultades, amargas secuelas y realidades que me -y nos- envuelven). Pienso irremediablemente en si no vuelvo, en si me puedo volver a equivocar, a caer, a esperanzar e ilusionar, a enfadar, a llorar, a luchar y luego perder... o puede que ganara alguna vez... poco importa.
Si miras al final de la escalera, podrás encontrarme observando lo que pasa -observando también a las personas que me rodean, sus vidas, sus metas alcanzadas y los sueños que cumplen, y también sus desdichas, de las cuales quiero formar parte para ayudar y aliviarles sus penas, y ser así algo mejor persona y sentirme bien-, y podrás ver como y como tras la mueca de melancolía de mi rostro escribo con amargura cómo pasan estos años y, junto a ellos, cómo las oportunidades y los sueños se van escapando de entre los dedos.
Tal y como empecé -no sé cómo-, o tal y como me empujaron a empezar esta rueda de irregularidades, entré en este desastre espiritual en búsqueda de una sinopsis correcta para mi historia. Que los finales son tremendos, estamos todos de acuerdo. Irremediablemente siempre confesaré que yo siempre seré la idiota que llore cuando los créditos de la película de esta etapa quieran decirnos adiós.
Hay algo en mi garganta que apenas me deja respirar. Difumino el problema que atosiga mi caja torácica o cómo me están doliendo los viernes. Días casi carentes de aire con el que jugar a humanizarme un poco, que pareciera ahogarme conmigo misma. Será cuestión de poner cada morada en su lugar, quitar un poco de polvo y lucir entre bocas sonrisas cuales razones.
Es tiempo de dibujar tal como a mí me gusta y sé, y también de escribir. Me gustaría narrar una historia diferente... He escrito capítulos de luchas, de desahucios de vidas enteras, de carencias y futilidades, de gritos y esperanzas marchitas, de sueños estampados contra un cristal... Y quiero, y deseo, y anhelo con cada fibra de mi ser, con el último soplo de aliento y esperanza que ahora guardo en un rincón muy escondido de algún lugar perdido de mi interior, algún capítulo que empiece y acabe bien, que sea fructífero en algo y que alimente un poco la dicha de una mujer que, dentro de todo, aún no debería verlo todo acabado y tiene mucho que dar y recibir.
Y quisiera gritar.

1 comentarios:
Qué bien escribes... me has dejado sin palabras. Leerte es como respirar un aire diferente. Yo hace tiempo que perdí la inspiración, abrí mi blog con el intento de obligarme a seguir con mis novelas (el blog es sólo para relatos, el diario privado sigue siendo mi Live Journal) pero siento que ya no me queda nada dentro que sacar. Seguro que sabes a qué me refiero.
Un beso muy fuerte <3
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