Hay una mujer -con la que me encuentro en ocasiones en la misma esquina de la misma calle- que siempre me hace sentir ganas de detenerme y dedicarle unos minutos. Encontrarme con ella empezó por casualidad y ahora ya creo que busco su encuentro. La gente pasa por delante de ella y nadie se detiene, pues adoptan esa actitud tan "normal" de pasar de la gente sin techo. Apartémonos de la pobreza, como si de la lepra se tratara, como si fuera contagiosa. La gente aborrece lo feo, lo gris, lo sucio, lo decadente, lo triste. Entre basuras existe una gran verdad que la gente intenta no ver. Esta mujer va siempre con un perro, que no tendrá ni dos años, que siempre me saluda con alegría subiéndose a mi falda, y me enternece como sólo un animal consigue hacerlo. Cuando pierdo la esperanza en las cosas buenas sólo necesito ver un perro para recuperarme de mi falta de fe.
Yo podría ser esa mujer dentro de unos años, esa mujer que ahora ya no puede ni levantar la cabeza, que viste con arapos y que va descalza. Esa mujer podría ser mi vecina, o la antigua compañera de clase que tuve en primaria. Yo podría ser ese perro en otra vida. Lo que sí espero no llegar a ser nunca es esa persona que pasa de largo por delante de la vida misma.


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