domingo, noviembre 07, 2010

Al mes y poco.



Si me parara a mirar el rincón de tierra de al lado de una casa aparentemente abandonada (esa que está rodeada de naturaleza, silencio y agua) pensaría en mis dos perras muertas y me moriría al volver a recordar los últimos minutos en que sostuve la vida de cada una de ellas. Me vendría a la mente la muerte y su macabro gusto por los huesos, como los perros, que también comen huesos. La del manto oscuro debe entretenerse tallándolos en forma de lápices, de tenedores, de abrecartas, de platos, de ceniceros, de peines. Sí, asquerosa "afición" que tiene la muy puta. Lo malo de la vida es que no es lo que creemos pero tampoco lo contrario.

Desperdicios, polvo y cenizas. Donde una vez un niño jugaba a intentar retener un grillo en un tarro de cristal, o donde una tarde una niña aprovechaba el rincón de una piedra como mesita para colocar su muñeca, hay manchas de sangre y algunos cabellos del paso de una disputa que acabó en agitación; hay restos de gotas de cera usada para intentar iluminar lo justo para no romper lo misterioso; hay restos de saliva sobre el lodo y lo que parece la marca de unos dedos en forma de puñetazo en la pared; hay un tres en raya desdibujado en la arena; hay los restos de la quema de unas cartas que ya nadie desea acordarse que las leyó; hay brazos cortados sombre las sábanas y bilis que mancha la almohada; hay una caja llena de recuerdos y buenos deseos enterrada, y dos vestidos que ya no se usan, y unos calcetines viejos, y tres postales con unas palabras que se borran, y hay una manta que recubre en cuerpo... Hay mentes enfermas de añoranza y ojos incrustados en una mano que se desliza hacia el silencio, y un corazón que late para engañar, y una rosa que se abre para traicionar... y el sol llorando frente a un cuervo que grazna. 
Y el interior desmembrado intenta ejecutar una melodía que nadie entiende bajo la lluvia que calma mi mal. Nadie nos oye, por eso emitimos ruegos.




"Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio.

Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto."
Alejandra Pizarnik

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!, creo que nos nos conocemos, por eso supongo que me alegra que sigas mi blog =]

Aunque he de decir que son tristes y melancólicos la mayoría de tus textos, he de decir que son una auténtica pasada... =]

Un saludo

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