Del papel nacen hileras de realidades que tu mente escondía.
Las líneas se extienden y empiezan a invadir la mesa. Caen y rebotan en el suelo. Se prolongan y manchan la habitación. Suben por la pared y te caen encima.
Te amordazan.
Miras tus manos. Echas un vistazo a los instrumentos que invaden tu mesa.
Caos total.
Miras el reloj; las horas se escurren como esas acuarelas.
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