Vuelvo a casa despertando a los ratones con los tacones resonando en el silencio. Hago ruido y me recuerda a tus ansias llamando a la puerta de mi desesperanza. Hoy, por primera vez, cierro los ojos en la tenue luz y miro por dentro de la vida de otro modo. Hago ruido en mi mente de otro modo. Araño la pasividad de mi cerebro de otro modo. El sonido del tacón -pienso, noto-; el sonido del falso tacón que no mide ni cinco centímetros; el sonido del tacón que retumba en el eco punzante, como la perdida chica a punto de ser violada en un callejón. Desamparada, que camina a la deriva volviendo al hogar sola (en esa distancia corta que la separa del tren de acero que se aleja), esta noche de verano. Pasos que suenan a gemidos bruscos. Tu boca al otro lado de la península en una noche de prematuro calor infernal y viento, mucho viento. Separados y viento. Solos y viento. Haciéndonos daño y viento. Acallados y viento. Volver a casa y escribir una torpes líneas -con palabras huidizas- que se creen poema, y hacerte creer a ti misma que lo que anotas no ha muerto. Que al menos sigue vivo en el palpitar de una pantalla electrónica. Hoy, por primera vez, piso el suelo de tu mente con tacones rotos, con pies cansados. Sacas una bolsa roja y me regalas promesas entrecortadas. Palabras arenosas que se cuelan entre los dedos. Verano y viento. Verano y rota. Tus besos son la escusa del verano. Verano putrefacto y de humedad asquerosa. Verano pegajoso. Verano que me causa vómitos y flojera en mi tensión baja. Tu verano es la escusa de mis muslos cansados. Verano... Llego a casa haciendo ruido y abro la botella de horchata dulce. Fría. Blanca como savia en mi estómago. Donde todo es víscera. Donde todo permanece oscuro. Donde no llega el sonido de mis tacones cansados ni el de tus promesas esquivas. Donde todo es temporal y digerible. Donde muere mi fe.
Uf, ¡qué preciosidad Racky! Y qué alegría tenerte por aquí también, me voy a leer todas las entradas porque ADORO cómo escribes...
Tenemos mucho, MUCHO que contarnos, a ver si quedamos un día, ¿no? :) Creo que te dije que te daría mi móvil si lo habías perdido pero ahora no me acuerdo de si lo hice o.O Si no lo hice dímelo.
¡Preciosa! Qué alegría ver que también estás aquí. Ando liada pero me quiero leer también todos tus escritos, que sabes que siempre he admirado, como tantas cosas que haces. :)
Sí que tenemos MUCHO que contarnos, y me alegro de que vuelvas a estar localizable (un día te regañaré por tus idas y venidas :P). No me lo pasaste al final, así que cuando gustes ya sabes dónde enviármelo.
Del papel nacen hileras de realidades que tu mente escondía.
Las líneas se extienden y empiezan a invadir la mesa. Caen y rebotan en el suelo. Se prolongan y manchan la habitación. Suben por la pared y te caen encima.
Te amordazan.
Miras tus manos. Echas un vistazo a los instrumentos que invaden tu mesa.
Caos total.
Miras el reloj; las horas se escurren como esas acuarelas.
2 comentarios:
Uf, ¡qué preciosidad Racky! Y qué alegría tenerte por aquí también, me voy a leer todas las entradas porque ADORO cómo escribes...
Tenemos mucho, MUCHO que contarnos, a ver si quedamos un día, ¿no? :) Creo que te dije que te daría mi móvil si lo habías perdido pero ahora no me acuerdo de si lo hice o.O Si no lo hice dímelo.
Besitos n_n
¡Preciosa! Qué alegría ver que también estás aquí. Ando liada pero me quiero leer también todos tus escritos, que sabes que siempre he admirado, como tantas cosas que haces. :)
Sí que tenemos MUCHO que contarnos, y me alegro de que vuelvas a estar localizable (un día te regañaré por tus idas y venidas :P). No me lo pasaste al final, así que cuando gustes ya sabes dónde enviármelo.
Muchos besos guapísima ^^
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